
Esa palabra puede hacer que unos se alegren y, sin embargo, puede significar la desgracia para otros. Yo me encontraba en el primer grupo. Así, al haber sido notificado de manera escueta en un lenguaje complicado que, dentro de todo, gritaba "lárgate". Así, esa semana ,que representaba para mi el último momento de descanso ante aquel monstruo conocido como educación universitaria, se convirtió en una incesante búsqueda inmobiliaria. Cambié la página de inicio de Facebook por el lindo papel impreso de un conocido y respetado diario local. De manera sigilosa, con un resaltador en mano como única defensa, buscaba los anuncios que encajaban en mis expectativas. Así pase un lindo fin de semana entre departamentos de muchos tipos y colores. Visualizaba en cada uno de ellos como iba a ser mi vida diaria, como manejaría el tema del espacio. El producto de esta primera hazaña fue nulo, nada conseguía que el ejercicio arriba mencionado pudiera concretarse. Así, a la siguiente semana, me dispuse a buscar en una zona llena de árboles y un poco alejada del ruido de la urbe, cosa que me fascina. El primer impedimento se sumó a una horrible vista en los dos departamentos que visité. Así, resignado a desgastar más mis moribundas vacaciones, volví a darle una mirada a los clasificados de inmuebles. Una sorpresa esperaba oculta ante mi desesperación. "San Borja" gritaba el anuncio esquivo, dentro de aquel momento de iluminación sonorizado por la conocida canción "Aleluya". La cita fue concretada, así descubrí el departamento que llenaba mis expectativas, era en su mayoría blanco y lleno de líneas orgánicas. Así, una vez encontrado el nuevo hogar, quedaba algo que yo suponía era simple: la mudanza. Lamentablemente, lo simple se limitó a su pronunciación. La titánica tarea la dejo para otro post.
Enjoy






